La emoción de coronar a la Virgen

Si le preguntaras a cualquier alumno del colegio que cuál es la celebración que más refleja el sentimiento Spínola, sin lugar a dudas te respondería que la Coronación. Soy Marcela de la Cuadra, una alumna de 2º Bachillerato que ha tenido la oportunidad de cerrar esta etapa tan importante “saliendo por la puerta grande”, coronando a la Virgen. La Coronación ha sido para mí un momento único e inigualable que nunca más volveré a vivir. La preparación, los nervios de antes de subir la Corona para que todo saliese perfecto, el momento de ver a tus compañeros desde arriba y un largo etcétera de hechos que te hacen sentir parte de esta gran familia. Desde que tengo uso de razón, he vivido este evento con alegría y emoción, ansiosa por su llegada y con los pelos de punta durante su celebración.

Me acuerdo despertarme como un día más de este mes de mayo, pero esa vez era un día distinto, no tenía tan presente en mi cabeza todos los temas que debía estudiar ese día para la selectividad, tenía presente los nervios y ganas de, por fin, cumplir el sueño de todo alumno del colegio. Cuando me tocó en el sorteo de clase no me lo creía, porque nunca me tocaban estas cosas y justo en el momento oportuno, en mi último año del colegio y para despedirme como es debido, sacaron el papel de la bolsa con mi nombre. Desde el primer momento supe que este acontecimiento me iba a acompañar para el resto de mi vida e iba a ser el empujón final. Contaba con el apoyo de mis amigos y mi familia, siempre al pie del cañón en todo lo que hacía y felices por mí por haber tenido la posibilidad de hacerlo. Cuando nos tocaba coronar, recuerdo levantarme con mis compañeros que también iban a hacerlo e ir a por La Corona para asegurarnos de sujetarla bien. Subimos las escaleras y llega el momento más increíble, el canto de todo el colegio liderados por la voz de Bárbara, que hacía aflorar las emociones, y más estando ahí arriba viendo cómo los niños de infantil levantaban los claveles. El peso de la Corona era evidente, pero en un abrir y cerrar de ojos, ya la habíamos vuelto a dejar en su sitio y estaba toda la Iglesia aplaudiendo mientras nosotros mirábamos a la Virgen. Inolvidable. Por momentos como estos, estoy orgullosa de mi colegio y de todos los valores que hemos ido adquiriendo e iremos transmitiendo allá donde vayamos.


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