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La coronación vivida por un alumno que se despide del colegio

Juan Francisco Luque Rosal


Como es costumbre, el colegio se preparaba para vivir un año más la esperada Coronación de la Virgen. Sin embargo, y pese a que cada celebración sea única, este año como alumno de Segundo de bachillerato iba a ser sin duda la más especial para mí al ser la última, cerrándose así una más que bonita etapa.


Durante esa mañana, no me equivoco si digo que tanto yo como mis compañeros con los que he vivido este día tan especial desde los tres años, dejamos a un lado todos los apuntes y nervios previos a la EVAU, porque la verdadera protagonista de ese día no era otra que la Virgen.


Ya desde bien pronto, una emoción distinta te recorre el cuerpo, pues te das cuenta que ese niño pequeño al que su madre le preparaba con tanto cariño su uniforme y su clavel blanco, ahora está vestido de traje a punto de vivir su última Coronación. Al llegar al colegio, ya se notaba ese ambiente que se había ido cultivando en las clases desde Infantil a Bachillerato durante todo el mes. Además, este año, pude disfrutar la experiencia de hacer la corona codo con codo con mis amigos y profesores de toda la vida mientras que los más pequeños se iban acercando con sus caras de asombro y admiración en las que tan representado me ví.

Después de un último ensayo de aquellos que en nombre de toda la Familia Spínola iban a elevar la corona a los pies de la Virgen, la Iglesia ya estaba llena y lista para vivir uno de los momentos más especiales del año. Tras una ceremonia sencilla y cercana en la que todo el mundo fue partícipe a través de pequeños actos como ofrendas, peticiones, o cuando los alumnos de cuarto de Primaria eran acompañados por los más mayores del colegio a comulgar, se iba acercando el momento culmen de la ceremonia.


En el instante en el que aparecía la corona y los alumnos de infantil y primaria alzaban sus claveles, todo el colegio fue uno solo… Alumnos, profesores, Pastoral, administración, antiguos alumnos y familiares solo tenían ojos para María y como bien dice el himno, la Virgen oyó el clamor de toda la Comunidad Spínola que un año más la coronaba.


Personalmente, fue un momento de sentimientos encontrados al ver cómo vivía por última vez una fecha tan señalada para nuestro colegio, sin embargo, al ver la corona en lo más alto, sentí que verdaderamente el hecho de pertenecer a esta gran familia ha merecido la pena y es algo de lo que siempre me sentiré orgulloso. Y con nuestra Virgen coronada un año más, me voy con el convencimiento de que allá donde vaya, María y la huella Spínola siempre estarán presentes en todos nosotros.


Podéis ver todas las fotos como siempre en nuestro área de socios.


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