Graduación de Infantil 2026: niños siendo niños
- APA Spínola
- hace 10 horas
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Hay un punto en común en todos los actos de Graduación de Educación Infantil: poco después de llegar bien formales a las primeras filas del Salón de Actos, los de cinco años dejan de colaborar con la solemnidad del momento. Unos se giran a saludar a sus abuelos. Otros se quitan el birrete. Varios juguetean desde la butaca haciendo balancear las piernas. Y menos mal. Porque ahí está la clave de esta ceremonia: niños siendo niños.
La graduación de 3º de Infantil de este año no ha sido diferente. Y, sin embargo, para las familias ha vuelto a ser única. Padres, abuelos y tíos llegamos el 22 de mayo al colegio a la hora convenida, justo cuando las tutoras hacían encajar ese pequeño milagro logístico de ubicar alfabéticamente a los alumnos y conseguir que esperasen nuestra llegada sin contratiempos.
Y nos preguntamos ¿cómo hacen Sara, Vero, Mar, Virginia o Ana para que casi treinta niños entren, esperen, salgan, lean, se hagan la pertinente foto y vuelvan a sentarse sin que el acto termine convertido en un gran caos?

Posiblemente, porque tienen una paciencia infinita. Pero también, porque conocen a nuestros hijos casi tan bien como nosotros. Saben cómo servir ese cóctel de autoridad y cariño, de sonrisas tranquilizadoras y detección a distancia de qué niño está a punto de perder el hilo y salirse del guion.
Porque el guion de este acto fue digno de una producción televisiva en directo, con su timing perfectamente pautado. Primero, las profesoras nos dieron la bienvenida. Después, María Utrilla y Elena Escalada, mamás de dos de los alumnos, leyeron un discurso que estaba en el punto justo entre la ternura y la crónica de estos tres últimos años, lleno de agradecimientos y repasando todo lo conseguido. A continuación, vimos dos vídeos, uno dedicado a 3º A y sus “superpoderes” y otro, el de 3º B, encargados de abrir la puerta a esa aventura que está a punto de llegar llamada Primaria. En ellos, fuimos conscientes de lo mucho que han crecido.
Por fin llegó el momento en el que los protagonistas de la jornada subían al escenario. Primero, con sus ofrendas, recuerdo de su paso por Infantil. Y después, para recibir uno a uno su diploma.
Ni una beca se cayó. Estaban sujetas por unos más que oportunos imperdibles. Todos sonrieron, todos saludaron manitas en alto para la foto final y todos los birretes resistieron. Naturales -como solo ellos saben ser- ninguno de los niños parecía sin embargo darse cuenta de la trascendencia de la ceremonia. Los adultos, sí.
Los adultos creemos que vamos a asistir a una celebración escolar y salimos desconcertados. En realidad hemos venido a despedirnos de una parte de nuestras vidas. Aquella en la que todo es pequeño. Esa que mientras sucede, parece eterna.
Todavía digiriendo lo deprisa que ha pasado el tiempo, nos hacemos fotos con los niños, nos tomamos algo en el comedor del Spínola, cortesía de nuestra querida AFA, y vemos cómo los recién graduados dejan el zumo olvidado en la mesa y echan a correr, a perseguirse y a jugar como si acabaran de salir al patio del arenero. A dejarnos la mejor imagen del día.
Mientras intentamos conservar el instante, ellos ya están preparados para la siguiente etapa. Para ellos, la graduación ha sido una fiesta. Para nosotros, uno de esos recuerdos que el tiempo agranda sin pedir permiso.
Todas las fotos de este gran día en el área de socios.

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