Comuniones Spínola Curso 25-26
- APA Spínola
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Mamen Cabido
Cuento de primavera.
Había una vez un colegio que tenía un equipo de Pastoral increíble. Un grupo de niños y niñas de 4º de Educación Primaria que llevaban 2 años preparándose con mucho cariño y dedicación para recibir en su corazón un regalo enorme. Unas familias que querían ver a sus hijos felices y estar a su lado. Y un día, el sábado 25 de abril de 2026 en el que por fin, se iban a celebrar las Primeras Comuniones.
En ese colegio, los niños habían visto crecer su fe desde pequeños, pero con más intención durante esos años de catequesis.
Habían recibido su primera Biblia. Habían preparado su corazón como si se tratara de una caja vacía donde hay que hacer espacio para que quepa Dios. Habían renovado lo que sus padres y padrinos habían prometido en su nombre, en su bautizo, fortaleciendo los lazos que les unen a Jesús. Habían recibido el sacramento de la Reconciliación, donde habían aprendido que Jesús siempre acoge, sin importar los fallos que cometamos, y que es bueno compartir, entenderse y quererse a uno mismo y proponerse mejorar. Y que para todo eso había que cuidar el corazón.
En ese colegio, personas como Ana Abadía, cuidaban de los corazones de esos niños y niñas, porque sabía que eran algo delicado y especial, y que iban a empezar un camino de fe maravilloso. Pero no se quedaba ahí, Ana cuidaba también de los corazones de las familias, acompañando y compartiendo momentos de catequesis para los adultos, con encuentros de Godly Play, y reflexiones llenas de cariño y sensatez, consejos serenos y una organización digna de admiración.
En ese colegio, aparecieron flores, en preciosos cestos que, junto a la imagen de la Virgen María fueron testigos de un día lleno de emociones.

En ese colegio un coro de tiernas voces acompañados de la guitarra de María de la Corte, brindó música que sonaba como caída del cielo, y que sirvió de banda sonora para unas celebraciones inolvidables. Incluso varios solistas regalaron su arte para dar un toque de más elegancia si cabe al repertorio. ¡Qué precioso regalo!.
En ese colegio, se pensaba en todo, en la accesibilidad para las personas que tienen algo más difícil acceder a un texto, o a un espacio. Todos podían participar, de una manera u otra, siempre con una sonrisa. Se predecía el futuro, para hacer fácil y tranquilo lo difícil. Y no, no era magia, era atención a los detalles y mucho corazón. Siempre presente el corazón.
Ese colegio es el Cardenal Spínola, nuestro colegio. Allí celebró con sus compañeros su Primera Comunión nuestra hija pequeña. La tercera. La última. Con todo el esplendor de un espacio lleno de afecto, de risas y de espíritu de grupo. Donde, con el esfuerzo de un maravilloso grupo de personas, y la emoción y cariño de las familias, se vivió un día especial, un día para recordar siempre.
Gracias, de corazón.

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